
A veces los recuerdos te sumen en una profunda tristeza. Paso lentamente las hojas del álbum familiar y esos pequeños retratos de una felicidad pasada parecen inofensivos. Luego, en un momento de soledad soy consciente de su poder destructivo, de cómo se gravan en la mente y aparecen para recordarte lo q has perdido, lo q se esvaneció. No recuerdo exactamente cuando dejamos de hacernos fotos. Esas fotos sin ningún motivo aparente en las que no importaba estar en camisón y que tenían fondos espontáneos como una casa a medio construír. Donde una sonrisa auténtica era la única protagonista. Y después, pienso que hace mucho tiempo que ya no sonreímos así. La vida pasa demasiado rápido. De repente, te das cuenta de que nada es como antes. Todo son problemas, reproches, responsabilidades, infelicidad. De aquellas fotos ya no queda nada. Ni la familia, ni las sonrisas. Ni siquiera una casa a medio construír. ¿Cómo he llegado hasta aquí? No me gusta esto. Quiero ir marcha atrás pero sé que es un imposible. Pero a veces también resulta imposible vivir sabiendo que el pasado es sólo eso, pasado. Y que ya no volverá nunca.